Y aunque el viernes se presentaba tranquilo la visita a la Virgen terminó por ser un calvario...
Crónica Viernes de calvario
por Cuéllar
A las 18:00 horas, como viene siendo costumbre los últimos viernes del mes, quedamos en Illescas, esta vez para dar pedales con dirección Recas, estimándose antes de la ruta que saldrían unos 35 –
En este día se acusan numerosas bajas en el grupo, motivadas por vacaciones del personal y excusas de última hora como calor y temas familiares; emprendiendo finalmente la marcha el binomio formado por Luis y Cuéllar.
Desde Illescas se comienza la ruta con dirección Yuncos,
atravesando Numancia de la Sagra, por los caminos más que machacados de rutas
anteriores. Durante este trayecto Luis se queja de la posición de las calas
respecto a los pedales; no he dicho que estaba de estreno de los automáticos
(sí Damián, lees bien).
Ya en Yuncos entramos en la Urbanización Pozuelo para
desviarnos por un camino que finalizaba en una bajada muy pronunciada, de
aproximadamente un kilómetro, que obliga a Luis a frenar por el deseo de ver a
su hija hacer la primera comunión (como los gatos no hacen la comunión, no me
acuerdo de frenar hasta que veo la caída cerca; un surco con una piedra en
medio que, por la velocidad del momento, no se puede esquivar, que te obliga a
agarrarte fuerte al manillar, apretar los pies contra el pedal y esperar;
sensación conocida por la mayoría).
El final de la bajada desemboca en el Polígono de Boroja,
que atravesamos hasta un pequeño pinar bordeado por un camino que nos llevará
hasta la población de Recas, 7
kilómetros de subida continúa que empieza a acusarse al
final, cuando comenzamos a ver el pueblo. Durante la subida dejamos al lado una
granja avícola, de la que Luis deduce que no debe haber ningún pollo porque no
se escuchan; ahí estuvo fino, “cuando el río suena, agua lleva”
(anónimo; guiño a Damián), si no lleva, pues no suena.
Llegamos a Recas, llevamos poco más de una hora, hasta el
momento hemos llevado un ritmo muy bueno, gracias a que las subidas no son las
de días anteriores y que los caminos, con motivo de las últimas tormentas han
quedado muy compactados, haciéndolos bastante rápidos. Ahora existían dos
opciones, tomar la circunvalación “R-30”
(me comenta Luis entre risas que es una circunvalación propia de Recas, de unos
5 kilómetros
de perímetro; no existe en wikipedia, no os molestéis en buscarlo) o atravesar
el casco urbano, decidiéndonos por esta última opción.
Pasando Recas cogemos el Camino de la Oliva, que tras un par
de kilómetros más, finalizamos en nuestro objetivo: La Virgen de la Oliva,
Patrona de Recas. Un pequeño paraje en el que destaca sobre los demás, un
olivo, sobre el que se cuenta que entre sus nudos y junturas de las ramas,
“suda aceite” y fue el lugar elegido por la Virgen para aparecerse a un
requeño. Durante la invación musulmana, la población visigótica escondía las
obras de culto religioso para que estas no cayeran en manos árabes y fueran
destruidas, aprovechando la frondosidad de los troncos del olivo para
salvaguardar las imágenes. (Ayto. Recas)
Aprovechamos el lugar para retomar fuerzas, debiendo
apresurar la marcha por la fuerza del viento y la negrura del cielo, que
amenazaba con una inminente tormenta, que justo al salir del paraje cesó.
Quizás nuestra presencia “incomodaba” a alguien, planteándonos el hecho de ir a
misa algún que otro domingo para reconciliarnos con ese “alguien”.
Salimos del “santuario” con dirección Lominchar, no habiendo
recorrido más de 500 metros ,
cuando escucho que el silbido del viento era acompañado por otro silbido
proveniente de la rueda trasera de la bici de Luis.
Hacemos un alto para comprobar el alcance de los daños,
cuando Luis me mira y sin hablar ya me imagino lo peor. La rueda trasera estaba
infectada de “abreojos” (así son como los llamamos en mi pueblo), esos
pinchitos de origen vegetal (Ononis
spinosa creo que es la denominación científica de la planta) que alguno debía incluir, con el
número 1, en el apartado Flora y Fauna. Seguimos mirando y para colmo de males,
la delantera está igual, así como ambas de mi bici. En cuestión de un minuto
ninguna de las dos ruedas de Luis tenía presión, conservándose las mías, no
atreviéndome a retirar ninguno de los pinchos incrustados en la cubierta por
miedo a que sucediera lo propio...
Aunque aquí no lo parece, Cuéllar fue vital para salir del apuro. |
Es ahora cuando nos planteamos qué hacer. El bote de
reparación de pinchazos de Luis se ríe en su cara cuando éste le plantea el
objetivo a conseguir. Los teléfonos disponibles para pedir a alguien que nos
recogiera parecen ponerse de acuerdo y no funcionar ninguno. Decidimos cambiar
las dos cámaras de sus ruedas, gracias a que cada uno de nosotros llevaba una
de repuesto y encomendarnos a algún santo para acabar la jornada, no a la
Virgen de la Oliva a la que no debíamos haber caído en gracia.
Una vez operativa la bicicleta de Luis, con las 20:45 horas
en el reloj, acordamos que la situación más viable es dirigirnos por carretera
hasta Villaluenga, localidad en la que finalizaríamos la ruta, marcando el
cuenta-kilómetros la cantidad de 40. Durante la marcha por esta vía se observa
en el margen derecho, entre un terreno arado, lo que parece ser una fosa común
de la guerra civil, que tras un poco de investigación en la red averiguamos la
procedencia de la misma y que parece ser esta: los llamados “los 14 de Recas”.
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Una ruta que antes de llegar a Recas prometía, por el buen ritmo de la jornada, que finalizó de forma prematura por el alma pecaminosa de los ciclistas.
Distancia Aprox. 40 Km.
Dificultad: Media-BajaNi GPS, ni componentes última generación, ni herramientas especiales...
al final ese que le da a las bielas contigo es quien te saca del apuro.
Anímate La Sagra te espera.